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¿Cuantos correos reciben a día? La mayoría de directivos estimaron que un centenar o más. ¿Cuántos son realmente importantes? Nadie dijo mas de 20. Esta pequeña encuesta en un curso de formación de directivos no tiene nada de científica pero puede ser un ejemplo de...

Probablemente el debate sobre si los anglicismos son buenos o malos se perdió cuando alguien advirtió que “Bar” era uno de ellos. En la Marca España figura un bar, seguro. Y puestos a ser sinceros no suena lo mismo entrar en un bar que en...

Hubo un tiempo en que el director de comunicación de una empresa podía saber después de leer los periódicos en el desayuno si iba a tener un día tranquilo. Puede que hubiese tiempos en los que tener una relación fluida con los jefes de un rotativo ayudara a contener una noticia negativa, y puede que hubiese días en que la cuenta de publicidad en un medio de comunicación salvara a una marca  de una crítica generalizada. Quizá para muchos fueron tiempos mejores.

El mensaje dejó de fluir en un solo sentido y el receptor, normalmente pasivo, decidió pasar a la acción, para enviar sus propios mensajes e influir

[caption id="attachment_4816" align="aligncenter" width="295"] Porcentaje de uso de Twitter en el mundo. Somos los octavos.[/caption]
Tiempos tasados, temas cerrados de antemano, elección de planos,  y prohibición de que exista público en la sala... Pocas cosas dejan los equipos de campaña a la espontaneidad de un verdadero debate electoral pero deberemos conformarnos con lo que hay un año más y agradecer que al menos se empieza a asumir la idea de que no puede haber elecciones sin debate público y televisado. Al menos uno.

Un debate electoral televisado debe transmitir sensaciones muy parecidas a las del actor que sale a escena, o el boxeador en medio del ring

El 7 de noviembre se ven las caras Rubalcaba y Rajoy y la simple experiencia de este último en los dos debates anteriores debería concederle una mínima ventaja inicial. Por mucho que ambos se hayan prodigado en medios de comunicación en sus años de gobierno y aunque hayan tenido sus combates dialécticos en el Congreso, un debate electoral televisado debe transmitir sensaciones muy parecidas a las del actor que sale a escena, o el boxeador en medio del ring. Presión y ¿por qué no?  Miedo. [caption id="" align="aligncenter" width="430" caption="Y en la otra esquina, con calzón rojo..."][/caption]
Entonces no lo sabíamos, pero cuando veíamos a Leroy Johnson y sus compañeros de academia  de la ochentera serie Fama bailar en plena calle, perfectamente coordinados, estábamos ante lo que casi tres décadas después llamaríamos flashmob. Traducido del inglés significa multitud instantánea y viene a ser un grupo de personas que, atendiendo a una convocatoria hecha a través de las redes sociales, acuden a un lugar público para llevar a  cabo una especie de performance o actuación aparentemente, sólo aparentemente, improvisada para luego dispersarse, como si nada.

Algunos flashmob son auténticos virales que registran jugosísimos registros de visitas.  Y como podrán imaginar, esa apariencia jugosa no pasa desapercibida a los publicistas.

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