Obama y Zapatero: Estrategias ante el desgaste

Obama y Zapatero: Estrategias ante el desgaste

Sin llegar al acontecimiento planetario que se auguró en aquel  exceso de entusiasmo tan mentado, lo cierto es que a día de hoy encontramos ciertos paralelismos en la estrategia política que han elegido Barack Obama y José Luis Rodríguez Zapatero para hacer frente a un fenómeno al que todos los líderes políticos se tienen que enfrentar tarde o temprano: el desgaste. ¿Cómo definirlo?  Para hacerlo normalmente acudimos a la falta de credibilidad, o a la pérdida de “gancho” electoral, pero nos ha parecido muy acertada la teoría de la “señora exhausta” que han acuñado en Estados Unidos para explicar la difícil situación a la que se enfrenta el presidente norteamericano ante las elecciones legislativas. La “señora exhausta” es una mujer negra, madre de familia y votante demócrata que le espetó públicamente a Obama que estaba agotada de defenderle a él, a su Gobierno y al cambio por el que votó.

Creemos que desde el punto de vista de la comunicación estratégica, tanto Obama como Zapatero presentan un nivel de desgaste similar.

Así pues, el desgaste para nosotros es la incapacidad para movilizar al electorado, de generar ilusión entre los votantes. Creemos que desde el punto de vista de la comunicación estratégica, tanto Obama como Zapatero presentan ese nivel de desgaste. Ahora, claro está, llegan los matices.

Llama la atención la rapidez con la que Obama ha perdido crédito ante el electorado, pero tiene cierta lógica. La desmesurada ilusión que generó su campaña se topa ahora con la realidad.

Llama la atención la rapidez con la que Obama ha perdido crédito ante el electorado, pero tiene cierta lógica. La desmesurada ilusión que generó su campaña, incluso fuera de su país, se topa ahora con la realidad de que “el cambio” que muchos esperaban no puede ser tan profundo ni tan rápido, y eso genera desilusión y, si nos lo permiten, cierta decepción respecto al hoy presidente.  Han pasado sólo dos años desde que arrasó en las elecciones del “Yes we can” y este momento en el que nadie quiere salir en la foto con él.  No hay más que ver, como ejemplo, la campaña de un gobernador demócrata que en un anuncio, literalmente, dispara contra una de las propuestas legislativas del presidente, para darnos cuenta de que en algunas zonas Obama  se ha convertido en una “marca negativa”.

El presidente español se enfrenta  a la misma situación, con unas encuestas que lo sitúan hasta 14 puntos detrás de la oposición, y algunas voces que empiezan a cuestionar su política dentro de su propio partido.

Ante este panorama, Zapatero ha dado un paso a un lado del escenario. Ese es el motivo, en nuestra opinión, por el que Rubalcaba ha asumido tanto protagonismo ante la opinión pública. Al margen de los movimientos puramente políticos que pueda haber dentro del PSOE, desde el punto de vista de la comunicación política esta estrategia no cuestiona al líder, busca protegerlo. Y mientras tanto conviene dar paso a otros actores que aglutinen el reconocimiento unánime de los votantes del propio partido. En Estados unidos Bill Clinton se ha dejado ver en más de un centenar de actos públicos con candidatos demócratas. Aquí, en España, ¿no les llama la atención lo mucho que se ve últimamente a Felipe González en los medios de comunicación?

La estrategia de comunicación de ambos ante el desgaste sólo puede ser una: cambiar su discurso y generar nuevas ilusiones. En definitiva, tendrán que reinventar su discurso para reinventarse a sí mismos.

Es casi seguro que Obama no podrá movilizar al electorado que le aupó a la Presidencia hace dos años.  Zapatero tiene por delante un slalom electoral más prolongado. Pero en ambos casos  la estrategia de comunicación de los dos ante el desgaste, sólo puede ser una: cambiar su discurso y generar nuevas ilusiones. Obama ya no puede seguir siendo el artífice del cambio radical en su país, o de la llegada de tiempos felices para todos sus habitantes. ZP no puede seguir mostrándose como el defensor de los avances sociales que él mismo ha tenido que recortar. En definitiva , tendrán que reinventar su discurso para reinventarse a sí mismos.



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