Lenguaje no verbal. El dominio del escenario

Lenguaje no verbal. El dominio del escenario

De entre las pocas novedades que han traido las elecciones catalanas para la comunicación estratégica nos quedamos con la puesta en escena del candidato de ERC Joan Puigcercós, que aunque no consiguió precisamente buenos resultados en las urnas, al menos puso una nota de color en una campaña que resultó muy previsible en sus propuestas. Puigcercós lo consiguió simplemente prescindiendo del atril.

El atril protege pero también es una barrera que separa del público, una barricada que impide desarollar el lenguaje gestual.

Es verdad que hay que tener un poco de valentía y mucho de entrenamiento para dejar ese parapeto tras el que se ocultan la mayoría de oradores y comunicar con todo el cuerpo, dominando un espacio nuevo sin la protección del atril. El atril protege pero también es una barrera que separa del público, una barricada que impide desarollar el lenguaje gestual. Prescindir de él provoca un efecto muy beneficioso para el orador que es capaz de ocupar el escenario, porque inmediatamente concita una mayor atención del público y resulta mucho más cercano y definitivamente mucho más creíble.

Los nuevos formatos televisivos están obligando a los cargos públicos y candidatos a ponerse al día en habilidades comunicativas para dominar el escenario.  No se trata sólo de hablar, sino de explorar las posibilidades del lenguaje no verbal y aprender a ocupar el espacio para hacerlo suyo.  Lo podemos ver en las entrevistas del programa de TVE Tengo una pregunta para usted.  El formato y la disposición del plató casi obliga a los invitados a moverse sobre la tarima para no resultar estáticos o atrincherados tras una mesa o un atril. No importaría lo que digan, la persuasión empieza por los gestos y por los movimientos que dan cconfianza a los ciudadanos que se encuentran allí para hacer sus preguntas y, por supuesto, a quienes los siguen por televisión.

Ocupar el escenario y moverse por él con soltura responde a una especie de coreografía que dota de coherencia y credibilidad al mensaje.

Ocupar el escenario y moverse por él con soltura responde a una especie de coreografía que dota de coherencia y credibilidad al mensaje. Los entrevistados se saben más vulnerables en estas circunstancias y por eso empieza a notarse el entrenamiento. Destacó por ejemplo la puesta en escena del presidente de la CEOE Gerardo Díaz Ferrán. Se movió bien por todo el plató, acercándose muchísimo a quienes hacían las preguntas, llamándolos por su nombre y mirándoles a los ojos. Un alumno aplicado.

Digamos que, como en todo, en la cercanía también se puede pecar de exceso.

De la importancia de preservar el espacio puede hablar el aún presidente Montilla cuando un ciudadano le pidió acercarse a él para hacer la pregunta. La situación fue desafiante, hasta el punto de que la presentadora, hábilmente, hubo de situarse entre ambos “contendientes”. Ella se convirtió en la barrera de un Montilla inerme ante el inquisidor ciudadano. Digamos que, como en todo, en la cercanía también se puede pecar  de exceso.

A Rajoy sus asesores le recomendaron que cogiese un bolígrafo para descargar la tensión que suele haber sobre las manos en este tipo de actuaciones. Son  técnicas para dominar el espacio, una de las claves para quienes quienes quieren aprovechar al máximo sus intervenciones en público y sus apariciones televisivas.



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