Lecciones de CNV y media training

Lecciones de CNV y media training

Dos cosas antes de empezar:

Primera. Esto no tiene nada que ver con la Comisión Nacional de Valores sino con la Comunicación No Verbal (algunos prefieren Lenguaje No Verbal). Este es un blog sobre comunicación pero si tiene algún buen soplo sobre valores en Bolsa le atenderemos gustosos.

Segunda. Con este capítulo damos por cerrado el asunto de las Olimpiadas de 2016 que tantos ríos de Janeir… perdón,  de tinta han hecho correr en las últimas semanas, también en este blog.

Estamos ante una muestra de la importancia que tiene hoy día el dominio de habilidades comunicativas.

El caso es que durante las jornadas en que las delegaciones de las ciudades finalistas estuvieron en  Copenhague, una frase se colaba insistentemente en las informaciones de los medios: “…en los ensayos de la presentación…”  Y créanos que como expertos en comunicación nos invadía una sana envidia, pero envidia al fin y al cabo, al escuchar esa frase.  Porque intuíamos que esos ensayos de los que se hablaba  no eran otra cosa que ejercicios para hablar ante los miembros del COI. Ensayaban para transmitir su mensaje y persuadir a una audiencia muy exigente. Así que nos imaginábamos el “training” intensivo al que se sometieron los participantes en la que iba a ser una de las intervenciones públicas más importantes de sus vidas.

Estamos ante una muestra de la importancia, cada vez mayor, que tiene la comunicación personal en la sociedad de hoy día, de la enorme trascendencia que puede alcanzar el dominio de habilidades comunicativas. Unas herramientas que -en Woll no nos cansamos de recordarlo- se aprenden y se entrenan.  Eso hacían las personas que estaban encerradas en un hotel danés. Estaban entrenando.

Obama estuvo excesivamente sentimental para los gustos europeos. Pero en Wisconsin le habrían dado las próximas tres Olimpiadas seguidas.

Y los resultados están ahí, en las videotecas. Recomendamos tres de las intervenciones para su análisis.  La primera, por supuesto, la del que dicen es el mejor orador del mundo: Barack Obama. Seguro de sí mismo, modulando la voz para diferenciar argumentos y resultar más persuasivo (qué experto en Storytelling sería), posando su mirada en todo el auditorio para lograr empatía.  El inconveniente de tanta seguridad fue un discurso demasiado largo y un contenido excesivamente sentimental para los gustos europeos. Pero en Wisconsin le habrían dado las próximas tres Olimpiadas seguidas.

La segunda, del alcalde madrileño Ruiz Gallardón.  Supliendo un rostro poco expresivo con movimientos contundentes de las manos. Reforzando las frases con gestos y con los brazos siempre muy abiertos, transmitiendo una señal de acogida. El exceso de entusiasmo, sin embargo, llevó a un tono elevado y continuo en el que apenas hubo contrastes en el timbre de voz, con un evidente olvido de los silencios dramáticos que tan buen resultado dan en presentaciones que apuntan a los resortes emocionales, como era el caso.

Destacamos una tercera intervención que observamos en la delegación brasileña y que no corresponde a Lula ni a Pelé. Se trata de Isabel Swan, regatista olímpica que no se quedó a la zaga de sus experimentados oponentes. Y es justamente por eso por lo que nos fijamos en ella. No conocemos la trayectoria de esta mujer pero es seguro que no ha dado tantos dicursos en su vida como Obama, Lula o Gallardón. Y, sin embargo, estuvo a la altura. Habló de forma clara y sin atropellarse pese a los nervios.  Hizo sus pausas disciplinadamente y trató de mantener una sonrisa constante (no lo consiguió siempre; esos nervios…), dirigiendo la mirada hacia las personas más cercanas y dando la sensación de que hablaba a cada uno de los presentes en la sala. Quizá no brilló tanto como el resto de oradores expertos pero demostró que había aprovechado bien sus lecciones. Isabel Swan puede estar tranquila. Se nota que hizo sus deberes.



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